RESULTADOS 2014



ITINERARIO

ARTISTA ENFOQUE   TEMATICA DESTINO
Bastian Brauning (chi) Identidad Religiosidad y mito Minas
Annabel Castro (mex) Identidad Generando diversidad Santa Cruz
Marcelo Copa (bo) Contexto Muerte y vida Madidi
Gustavo Costamagna (arg) Sentidos Muerte y vida Regiones andinas
Chio Delgadillo (bo) Desplazamiento Muerte y vida Tihuanacu
Alejandra Delgado Uría (bo) Desplazamiento Naturaleza y ciudad La Paz
Brian Diaz (bo) Contexto Patrimonio Misiones Jesuitas Chiquitanía
Pedro Fuentealba (chi) Contexto Lujo y precariedad La Paz
Knorke Leaf (bo) /
Jules Tusseau (fra)
Sentidos Escribiendo y leyendo Toro Toro
Francisco Martinez Segovia (chi) Contexto Naturaleza y ciudad Santa Cruz
Georgina Montoya (col) Contexto Construyendo espacio vital Villa Coronilla (Cochabamba)
Naira Sandoval (bo) Identidad Intercambios y mercados Toro Toro
Julio Soria (pe) Alteridad Religiosidad y mito Copacabana
Nicole Sotelo (chi) Identidad Trabajos informales Tarabuco
Carla Spinoza (bo) Identidad Creyendo en Bolivia: religiosidad y mito La Paz
Andres Testagrossa (arg) Identidad Diversidad Mururata
Glenda Zapata (bo) Contexto Muerte y vida Potosí

En esta versión del CONART se contó con la participación de los siguientes ARTISTAS INVITADOS:

ITINERARIO

ARTISTA ENFOQUE   TEMATICA DESTINO
Angelika Heckl (aus) Desplazamiento Mirando al mar Tupuraya
Eduardo Torres (chi) Encuentro Muerte y vida Cementerio Valle Cochabamba
Narda Alvarado (bo) Identidad Patrimonio de la humanidad Potosí
Boris Obregón (chi) Identidad Embrujo en Bolivia Canchas y mercados Santa Cruz
Marco Tóxico (bo) Desplazamiento Bolivia desde la distancia Andes lejanos

 

 VIDEO DOCUMENTAL #CONART2014

Marco Tóxico



Biografía: Artista Gráfico Boliviano, fanático de las historietas, estudio diseño gráfico en la UST y Artes Plásticas con especialización en Grabado en la UMSA. Sus trabajos abarcan la pintura digital, la ilustración, diseño gráfico y principalmente la historieta.

 

Enfoque: Desplazamiento.

Temática: Bolivia desde la distancia.

Destino: Andes Lejanos.

 

MOLESKINE Marco Tóxico

 

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Moleskine de Marco Tóxico en PDF (3.1 MB)

 

PRENSA



CONART 2014 en la PRENSA

19 octubre Conart 2014: 10 destinos, 22 miradas y mucho arte La Ramona – Opinión
19 octubre Conart 2014: Moleskine y los Territorios Abiertos Lectura & Artes – Los Tiempos
23 octubre Cuatro bandas de música inauguran Conart 2014 Los Tiempos – Tragaluz
23 octubre Inauguración CONART 2014 Now Events
24 octubre Conart 2014 reúne a 22 artistas para plasmar sus viajes por Bolivia Opinión – Cultura
24 octubre En Cochabamba inicia el Conart 2014 con exposición de 22 muestras ANF- Cultura
24 octubre Conart 2014 reúne a 22 artistas para plasmar sus viajes por Bolivia Arte, Pintura, Cultura (Blog)
24 octubre En Cochabamba inicia el Conart 2014 con exposición de 22 muestras Notibol
26 octubre Contemporary Art 2014 Territorios abiertos Los Tiempos – Lecturas y Arte

San Francisco de Javier, improvisado y único



Viernes, 03 de octubre

00:05 Abrí los ojos con violencia, queriendo saber dónde estaba, la flota estaba detenida. Asumí que todavía llegamos a Concepción ya que muy poca gente bajó, el vehículo empezó a avanzar, pasaron tres cuadras y divisé vagamente una construcción parecida a las iglesias que visitaba. Estaba en Concepción y la flota se dirigía a su terminal.

Cuatro cuadras, cinco cuadras, seis. . .trece cuadras, dieciocho y nada, la flota no se detenía y la carretera se hacía cada vez más oscura. Veinticuatro y el camino dejó de mostrar casas, ya no estaba en el pueblo, salí rápidamente de mi asiento, corrí por el pasillo para tocar la puerta que separaba el chofer de nosotros los pasajeros, golpeé, nadie abría, la flota no paraba. Cuando por fin abrieron les pregunté si ya habíamos pasado Concepción, escuche leves risas. Contestaron que no sólo pasamos Concepción, sino que estábamos en camino a Santa Cruz, el pueblo en el que paramos era San Javier. Concepción era mi penúltimo destino, San Javier el último, les dije que pararan, que no había problema, El motorizado tomó su tiempo para detenerse, estaba a kilómetros de San Javier, bajaron mi maleta, me la dieron, y se fueron.

Estaba en la nada, una carretera, puntitos brillosos arriba, y un único foco que me facilitaba la visibilidad, señora luna.

No tenía de otra que caminar, y tener la esperanza de que me den un “aventón” hasta mi destino imprevisto. Nadie lo hizo, el pulgar en ocasiones se resignaba y ni siquiera ayudaba a mi brazo a levantarse.

Hora y media de caminata con una pesada mochila, un morral, y mi maleta, que si no hubiera sido por sus ruedas, no llegaba ni a la mitad de todo el trayecto.
Sed, sueño, cansancio, frustración, y formaciones de ampollas en los pies, quitaban la esencia de mi concepto de “viaje excitante” hasta ese momento.
Luego pensé, medite mientras daba cada doloroso paso esa tenue oscuridad y recordé que cada acontecimiento, por fútil y errado que parezca, pasa a formar parte de mi “aventura”. Así que dejé que una sonrisa se dibujara en mi rostro, di gracias a Dios y continué la ruta.
Pareció como si todo se hubiera alivianado, el dolor disminuyó, se veían casas y un letrero: “Bienvenido a San Javier”, pasaron quince minutos y estaba en la avenida que distaba a diez cuadras de la plaza principal y su iglesia, me sentía un excombatiente arribando a su pueblo.

Llegué a la plazuela y empecé a contemplar el lugar. La plazuela, así como en Santa Ana, se conectaba directamente con la iglesia, con la diferencia que el piso era empedrado, dándole un toque más colonial que barroco. Busqué el alojamiento más cercano, vi uno, al frente de la misma iglesia, su nombre: “Posada El Tiluchi”. No sé por qué, pero tenía que alojarme ahí, sentía un calor similar al de Santa Ana.
Cinco minutos tocando la puerta y nadie abría, no desistiría, ese lugar era mi lugar, creí haber visto otro alojamiento en la esquina, pero no quería estar en otro lugar que en ese.
Abrieron, era un señor de edad avanzada, de camiseta blanca, pantalón corto, regordete y ojos algo hinchados, lo desperté, vi mi celular, eran las 01:34.
Empezó a explicarme con tranquilidad y sin molestia dónde podría hospedarme, me mostró el baño, y me dejó una frase: “Ujte hospedesé nomaj, mañana solucionamos el pago, todo, aquí no pasó nada”. Me dejó y se fue a dormir.

Yo no tenía sueño, tomé mi tiempo, descargué lo necesario de la maleta y me fui a duchar, dejé de lado la calor, mi cuerpo se había acostumbrado a la temperatura de esos lugares.
Salí del baño y fui a seleccionar imágenes de las fotos que saqué, y me puse a descansar.

08:30 Debía comenzar a dibujar, el clima se sentía fresco gracias a las escasas nubes que hacían un buen trabajo, fui a desayunar cuñapés y comencé.

Es preferente estar acompañado con alguien que conoce el lugar a la hora de buscar buenos cuñapés, estos me tocaron bien duros, ricos, pero duros.

Es preferente estar acompañado con alguien que conoce el lugar a la hora de buscar buenos cuñapés, estos me tocaron bien duros, ricos, pero duros.

San Francisco de Javier

San Francisco de Javier

 

Destino no planificado, pero único

Destino no planificado, pero único

 

La calle más transitada que vi en ese pueblo, quedaba a una cuadra de la plazuela.

La calle más transitada que vi en ese pueblo, quedaba a una cuadra de la plazuela.

Unos ancianos se encontraban a metros, observando sentados, viendo con dirección a mí, y yo parado trazando y trazando en mi moleskine. Llegó el mediodía más rápido de lo esperado, pero también tenía un buen avance, no almorcé, no me apetecía nada. Fui a la posada donde me alojé para retirar mi maleta y aprovechar de comprar recuerdos, ya que ese lugar contaba con una tienda de recuerdos.
Conocí a la esposa del dueño que me hospedó: Doña Ester, tierna mujer de unos sesenta y pico que me atendió como si de la nobleza se tratase, Así mismo Don Humberto, el propietario, señor humilde y alegre que me explicaba sobre la cantidad de gente que pasaba por su posada.

La posada en que habité también contaba con una pequeña tienda de artesanías, compré algunos pequeños recuerdos de ese lugar

La posada en que habité también contaba con una pequeña tienda de artesanías, compré algunos pequeños recuerdos de ese lugar

La fachada interior del lugar contaba con varios adornos, entre esos, estos ángeles besucones.

La fachada interior del lugar contaba con varios adornos, entre esos, estos ángeles besucones.

Este ángel chiquitano fue el que más me gustó, por la simetría , por el tamaño y por el fino acabado en madera que tenía.

Este ángel chiquitano fue el que más me gustó, por la simetría , por el tamaño y por el fino acabado en madera que tenía.

No desaproveché, y le di el toque "selfie" a esta publicación

No desaproveché, y le di el toque “selfie” a esta publicación

Me encanta la parte "Y que Dios nos bendiga"

Me encanta la parte “Y que Dios nos bendiga”

Entre charlas, risas, y atenciones demasiado amables, llegué a conocer a sus mascotas: dos pericos, uno de ellos, llamado Coqui, de plumaje colorido, azul turquesa en la cabeza, con manchas oscuras detrás de los ojos, estómago amarillo, verde en la parte de atrás, y toques rojizos por todas partes. Se acercó como si me conociera de toda la vida, Don Humberto lo sostuvo sobre su dedo, y el ave inclinó la cabeza, un ademán para que lo acariciaran, jamás había visto un gesto tan tierno por parte de un loro que para mí era una especie huraña y escurridiza.
Ofrecí mi dedo, y éste accedió fácilmente, en ese instante ofreció su cabeza para sobarlo con mi dedo, me encariñé de ese perico.

Coqui, el loro de Don Humberto y Doña Ester

Coqui, el loro de Don Humberto y Doña Ester

Don Humberto, dueño del perico más manso que he conocido

Don Humberto, dueño del perico más manso que he conocido

Y cómo no aprovechar para sacarme una foto con ave más bella

Y cómo no aprovechar para sacarme una foto con ave más bella

Doña Ester me explicaba las maneras de adentrarme al templo, ya que toda la mañana, esa iglesia mantuvo las puertas cerradas, le agradecí calurosamente y continué mi trabajo.

Debía ingresar por el extremo derecho, dando la vuelta a la iglesia, de esa manera ubicaría la puerta compuesta de rejas metálicas, tuve la bendición de que esta esté abierta, no vi a nadie y me adentré al lugar.
Un pasillo me conectaba a otro, y caminé así como cuatro, todos adornados con ese estilo característico jesuita. Llegué a uno pasillo donde vi gente charlando, tres en total, entre ellos, un señor de tez originalmente blanca, pero rojiza por los efectos del sol en esa zona, constitución gruesa, alto, de cabello claro, acudí a él suponiendo que se trataba del cura de la Iglesia: “Dibuja lo que quieras”, me contestó cuando le expliqué y le mostré el material que tenía. -¿Cómo se llama? Indagué. –Edgar el gordo, contestó con un acento notoriamente extranjero. Y me aventuré al templo que quedaba a metros de ese pasillo.

El interior de esta iglesia también tenía una pulcritud admirable.

El interior de esta iglesia también tenía una pulcritud admirable.

 

El interior de la iglesia contaba con lindos espacios como ese pequeño hornito techado en medio de pasto.

El interior de la iglesia contaba con lindos espacios como ese pequeño hornito techado en medio de pasto.

Esta iglesia era la única que contaba con un pequeño cuarto en la parte trasera, llamada bautisterio, en el que se encontraban dos pequeñas puertas. una al frente de otra.

Esta iglesia era la única que contaba con un pequeño cuarto en la parte trasera, llamada bautisterio, en el que se encontraban dos pequeñas puertas. una al frente de otra.

El interior de la iglesia de San Francisco de Javier

El interior de la iglesia de San Francisco de Javier

El retablo con sus pinturas en alto relieve

El retablo con sus pinturas en alto relieve

Me había ido de maravilla, terminé los dibujos y era relativamente temprano, 17:00, mi flota para Concepción partía a las 18:30 y llegaría a las 19:40, casi 20. A mi consideración fue algo costoso despedirme de doña Ester y don Humberto que me habían tratado tan bien, y que incluso guardaron mis maletas, pero preferí no dar más vueltas, bendecirlos y decir adiós.

Por primera vez pude ver cuñapés  en preparación, no pude evitarlo y me compré un par

Por primera vez pude ver cuñapés en preparación, no pude evitarlo y me compré un par

Me despedía de San Javier, extrañaré esta tierra

Me despedía de San Javier, extrañaré esta tierra

Última vista del lugar, con la flota que me llevaría a Concepción.

Última vista del lugar, con la flota que me llevaría a Concepción.

Ya en la flota, me senté a lado una mujer de pollera, una chola, ella en la ventana, y yo a su izquierda. –Buenas tardes, ¿para dónde va usted, va hasta Concepción? le pregunté –Sí, hasta ahí estoy yendo — me contestó.
Eso me aliviaba, ya que, en caso de dormirme, si ella bajaba, debía despertarme, pedir permiso y salir, de esa manera me despertaría y saldría junto con ella, no habrían más accidentes.

También el sueño pudo más en esta ocasión, pero era un sueño alerta, como que un ojo cerrado y el otro entre abierto, como un ninja. Pasó una hora y sentí que la flota se detuvo, estábamos cerca. Pasaron quince minutos y estábamos en Concepción, mi último destino.

Al bajar, y al desempacar, me di cuenta que este pueblo estaba más iluminado que los anteriores que pude visitar por la noche, me dispuse a preguntar que para dónde quedaba la plaza principal, un joven me señalo que era doblando en “S”, después de caminar recta esa calle por dos cuadras, en definitiva, necesita el GPS de mi celular, era complicado entender las explicaciones cuando no te acostumbras a ellas, mi celular estaba muerto una vez más.

Mi naturaleza impidió recurrir a más personas para consultar, afortunadamente vi un alojamiento al frente mío después de mi extenuante caminata “La Pascana”, me aproximé y pregunté si tenía cuartos, la señora, ya madura, de piel clara, cabello corto, gesto indiferente y palabras bien audibles, me mostró el cuarto al que podía acceder, el precio era demasiado comparado a los demás, pero ya no podía reponer ni buscar, un bicho de rutina me había picado, y accedí sin más que decir.
Tenía todas las dependencias, excepto televisor, tampoco me hacía falta, tenía harto material por seleccionar, así que me puse manos a la obra con música y el zumbido grave que lanzaba el ventilador. Eran las 23:00 cuándo me fijé el celular, una hamburguesa, una limonada y una duchada, fueron las últimas acciones de esa noche previo a mi descanso.

San Miguel de Velasco, gotas de cielo y añoranza



Jueves, 02 de octubre

Con dirección a la terminal para San Miguel de Velasco, eran las 06:15, mi “flota” partía a las 07:00, había tiempo de sobra. Mas los azares de la vida hicieron que me confiara al punto de salir de mi alojamiento a las 06:50, diez minutos y 11 cuadras de distancia no eran muy alentadores, empezaba a resignarme a la segunda cuadra. Tercera, cuarta, quinta cuadra, y me costaba reconocer las calles por las que pasaba, me acostumbré a lugares chicos, no a San Ignacio, me había extraviado nuevamente.

Con enojo y frustración disfrazados de seriedad decidí preguntar a un par de ancianos lugareños que por dónde podía tomar el bus para San Miguel. Uno de ellos empezó a explicarme mientras otro hizo un ademán a un bus ese instante: -¡¡¿Va para San Miguel?!!-preguntó. –¡¡Sí!!. –Contestó el chofer. Me dijeron que subiera, lo abordé con agradecimientos y saludos a todos. Estaba contento porque no perdería mucho tiempo.

El micro que había abordado parecía de otra época, rechinaba en cada centímetro cuadrado, en cualquier momento pensaba que se partiría en dos y me quedaba en medio camino.

El micro que había abordado parecía de otra época, rechinaba en cada centímetro cuadrado, en cualquier momento pensaba que se partiría en dos y me quedaba en medio camino.

El poco sueño que había conciliado me dejaron con máscaras como esta, ojerosa y arrugada.

El poco sueño que había conciliado me dejaron con máscaras como esta, ojerosa y arrugada.

Arribé en un mercado a las 08:20, San Miguel de Velasco, cielo nublado, suelo sin pavimento, gente movilizada de un lado a otro. Este pueblo tenía similitudes con mi anterior destino.

La fotografía accidental que para mí, sintetizaría toda esta aventura: Campo y ciudad representados por la tierra y el poste eléctrico, el bus de mi transporte; recorrido incierto, y el personaje mirando a un horizonte con la certeza que después de todo cielo nublado y tormenta, está el día soleado y esperanzador.

La fotografía accidental que para mí, sintetizaría toda esta travesía: Campo y ciudad representados por la tierra y el poste eléctrico, el bus de mi transporte; recorrido incierto, y el personaje mirando a un horizonte con la certeza que después de todo cielo nublado y tormenta, está el día soleado y esperanzador para una siguiente aventura.

Tenía alrededor de diez horas para dibujar todo lo propuesto en ese lugar, no perdí mi tiempo y me encaminé a la plaza principal, misma que quedaba a siete cuadras, a caminar una vez más.

El cansancio se tornó menor al sentir la brisa de un cielo poblado de nubes.

Me emocioné con el can que encontré con dirección a la plaza principal, no pude evitarlo y aquí lo tienen.

Me emocioné con el can que encontré con dirección a la plaza principal, no pude evitarlo y aquí lo tienen.

Divisé a lo lejos, a través de una plazuela de pasillos destruidos, una construcción con el característico estilo barroco, había llegado a la iglesia de San Miguel, la primera construcción que incluía escalinatas, quedé maravillado al acercarme hasta las columnas de ese fastuoso templo, eran realmente gruesas, no podía entender cómo la gente había levantado semejantes pedazos de madera.

Iglesia de San Miguel de Velasco 04

No podía desaprovechar sacarme una con el templo de fondo, y aún más por el nivel elevado en el que se encontraba.

No tenía tiempo para alojarme, debía irme ese mismo día, me aproximé a una de las esquinas, en la que se encontraba una tienda de recuerdos, recuerdos de la zona, tuve una magnífica idea, un negocio; compraría un recuerdo o dos a cambio de dejar mi maleta mientras dibujaba, las encargadas aceptaron gustosas, y más al ver los dibujos del moleskine: el cuaderno en el que plasmaba los dibujos.

Estaba a unos treinta metros, frente a la iglesia en esa plazuela con aspecto post-apocalíptico. –“Dios mediante si vuelve al año, encontrará la plazuela reconstruida, lo hicieron eso porque estaba mal hecho”, fueron las palabras de una de las encargadas.

No me percaté que el sitio donde dibujaba, estaba lleno de hormigueros, tierra infestada de orificios, con hormigas de variados colores, negras, grises, rojas, éstas últimas me daban más miedo porque sus tamaños eran variados, y me di cuenta de todo esto cuando sentí el piquete de una de ellas en la pierna izquierda, era cabezona, roja y de mounstrosas mandíbulas. Decidí moverme unos dos metros.

El terreno más despejado, sin gente en la plaza, un cielo blanco teñido de nubes, y un clima refrescante. Algo no estaba bien, era demasiado bueno para ser cierto. De repente, vi una imperceptible mancha mojada en mi hoja de dibujo, era una gota de agua que había descendido desde lo más alto. Ahora eran dos manchitas, tres, cuatro, cinco; la lluvia se aproximaba y por ella se marchaba mi utópica situación.

La Iglesia de San Miguel de Velasco, el único templo que tiene escalinatas para su ingreso, definitivamente  le daba un toque mágico y oriental.

La Iglesia de San Miguel de Velasco, el único templo que tiene escalinatas para su ingreso, definitivamente le daba un toque mágico y oriental.

Me fui hasta la tienda de recuerdos, refugio seguro, con techado y un pequeño pasillo que daba a la calle, aproveché para hacer la edificación en perspectiva. La mochila me pesaba, y como si las encargadas hubieran leído mi mente, me ofrecieron asiento. Lluvia, silla, soledad, cielo armiño, aire fresco y húmedo, acompañados de una vista mística de aquel templo. Mariposas de lluvia invisibles se adentraron por mi boca para reposar en mi estómago, me había enamorado de ese momento.

El templo contaba con un campanario de gruesa consistencia, hecha en su amurallada en su totalidad de adobe.

El templo contaba con un campanario de gruesa consistencia, con un amurallado totalmente de adobe.

 

Tuve que arreglármelas por la lluvia torrencial que se suscitó.

Tuve que arreglármelas por la lluvia torrencial que se suscitó.

11:30. Esta vez debía almorzar, aún si el hambre no me visitara, sé que no es bueno estar sin ingerir alimentos por más que no experimente debilidad. La lluvia había pasado y opté por ir hasta la iglesia y pedir que me permitieran dejar mi maleta dentro del templo; había abusado demasiado la hospitalidad de las encargadas de la venta de recuerdos.

Hablé con el cura encargado de la iglesia, el Padre Luis, brasilero de piel negra y carismática sonrisa, su amabilidad y favor me dejaron alegre, podría ir a almorzar sin necesidad de llevar esa pesada maleta.

Almorcé en el primer lugar que vi, a unas dos cuadras de la iglesia, mi cuerpo agradecía cada bocado que entraba, el hambre siempre estuvo allí, sólo era yo tratando de convencerme que no necesitaba comer.

Buen provecho y me fui directo para acabar los dibujos, contaba con menos de 5 horas, mas había avanzado considerablemente, estaba contento, el cielo se había despejado, almorcé bien y me había comprado unos llamativos chocolates para distraer mi boca.
Ingresé al templo para acabar los últimos dibujos, estaba conforme con lo que tenía. Iba culminando con el último dibujo el Santo de la Iglesia: “El Arcángel San Miguel”, cuando apareció un señor, uno de los profesores de la escuela del pueblo, que se había dado cuenta de lo que hacía. No recuerdo su nombre, pero recuerdo que le gustaba mucho lo que dibujaba, al punto que me pidió el favor que replicara lo mismo en una de las hojas del cuaderno que llevaba. No podía decir que no, el placer visual único de esos mágicos lugares, hacían que me sintiera en deuda. Dibujé su santo en su cuaderno de hojas cuadriculadas, se lo di, me agradeció, y me fui a la parada con dirección a San Ignacio.

El retablo de esta iglesia fue  la que más me cautivó, todo era recubierto de "pan de oro" IMPRESIONANTE!!

El retablo de esta iglesia fue la que más me cautivó, todo era recubierto de “pan de oro” IMPRESIONANTE!!

 

San Pablo y San Pedro, pinturas hechas a cada lado de la puerta principal de la Iglesia.

San Pablo y San Pedro, pinturas hechas a cada lado de la puerta principal de la Iglesia.

San Pedro
Llegué a tomar un taxi hasta San Ignacio por 12 bolivianos, económico. El problema es que me encontraba en la parte de atrás, junto con otras dos personas, y yo estaba al medio, pero el cansancio hizo que le restara importancia, el vehículo partió, y mi cabeza se inclinó para atrás innatamente, me estaba durmiendo.

Sentí un hombro levantando mi cabeza, lo sentí una vez más, había descansado apoyado sobre una total desconocida, una señora a la que le pedí inmediatamente disculpas por mi descuido, ella calló sin ni siquiera mirarme. Pasaron dos minutos y llegamos a San Ignacio nuevamente eran las 16:35, estaba listo para ir a Concepción, el taxi nos dejó a dos cuadras de la terminal de mi siguiente destino, no pensé dos veces y fui por mi boleto.
Al llegar a la venta de pasajes. Compré uno que partiría a las 18:00 y llegaríamos a las 23:00, Concepción me esperaba.

Partimos a la hora dicha, el viaje no sería corto, y la batería de mi celular falleció, me costaría calcular trayectos si caía dormido. Pero no me sentía tan cansado, de hecho estuve con la laptop seleccionando fotografías.
Me confié demasiado, sí estaba cansado, sumado a eso, mi asiento era cómodo y el lugar tibio y sin ruidos, mi cuerpo exigía reposo, incluyendo párpados. Me había quedado dormido. Sé que mi alma saludó Concepción, pero mi cuerpo estaba en suspensión.

Continuará. . .