San Francisco de Javier, improvisado y único



Viernes, 03 de octubre

00:05 Abrí los ojos con violencia, queriendo saber dónde estaba, la flota estaba detenida. Asumí que todavía llegamos a Concepción ya que muy poca gente bajó, el vehículo empezó a avanzar, pasaron tres cuadras y divisé vagamente una construcción parecida a las iglesias que visitaba. Estaba en Concepción y la flota se dirigía a su terminal.

Cuatro cuadras, cinco cuadras, seis. . .trece cuadras, dieciocho y nada, la flota no se detenía y la carretera se hacía cada vez más oscura. Veinticuatro y el camino dejó de mostrar casas, ya no estaba en el pueblo, salí rápidamente de mi asiento, corrí por el pasillo para tocar la puerta que separaba el chofer de nosotros los pasajeros, golpeé, nadie abría, la flota no paraba. Cuando por fin abrieron les pregunté si ya habíamos pasado Concepción, escuche leves risas. Contestaron que no sólo pasamos Concepción, sino que estábamos en camino a Santa Cruz, el pueblo en el que paramos era San Javier. Concepción era mi penúltimo destino, San Javier el último, les dije que pararan, que no había problema, El motorizado tomó su tiempo para detenerse, estaba a kilómetros de San Javier, bajaron mi maleta, me la dieron, y se fueron.

Estaba en la nada, una carretera, puntitos brillosos arriba, y un único foco que me facilitaba la visibilidad, señora luna.

No tenía de otra que caminar, y tener la esperanza de que me den un “aventón” hasta mi destino imprevisto. Nadie lo hizo, el pulgar en ocasiones se resignaba y ni siquiera ayudaba a mi brazo a levantarse.

Hora y media de caminata con una pesada mochila, un morral, y mi maleta, que si no hubiera sido por sus ruedas, no llegaba ni a la mitad de todo el trayecto.
Sed, sueño, cansancio, frustración, y formaciones de ampollas en los pies, quitaban la esencia de mi concepto de “viaje excitante” hasta ese momento.
Luego pensé, medite mientras daba cada doloroso paso esa tenue oscuridad y recordé que cada acontecimiento, por fútil y errado que parezca, pasa a formar parte de mi “aventura”. Así que dejé que una sonrisa se dibujara en mi rostro, di gracias a Dios y continué la ruta.
Pareció como si todo se hubiera alivianado, el dolor disminuyó, se veían casas y un letrero: “Bienvenido a San Javier”, pasaron quince minutos y estaba en la avenida que distaba a diez cuadras de la plaza principal y su iglesia, me sentía un excombatiente arribando a su pueblo.

Llegué a la plazuela y empecé a contemplar el lugar. La plazuela, así como en Santa Ana, se conectaba directamente con la iglesia, con la diferencia que el piso era empedrado, dándole un toque más colonial que barroco. Busqué el alojamiento más cercano, vi uno, al frente de la misma iglesia, su nombre: “Posada El Tiluchi”. No sé por qué, pero tenía que alojarme ahí, sentía un calor similar al de Santa Ana.
Cinco minutos tocando la puerta y nadie abría, no desistiría, ese lugar era mi lugar, creí haber visto otro alojamiento en la esquina, pero no quería estar en otro lugar que en ese.
Abrieron, era un señor de edad avanzada, de camiseta blanca, pantalón corto, regordete y ojos algo hinchados, lo desperté, vi mi celular, eran las 01:34.
Empezó a explicarme con tranquilidad y sin molestia dónde podría hospedarme, me mostró el baño, y me dejó una frase: “Ujte hospedesé nomaj, mañana solucionamos el pago, todo, aquí no pasó nada”. Me dejó y se fue a dormir.

Yo no tenía sueño, tomé mi tiempo, descargué lo necesario de la maleta y me fui a duchar, dejé de lado la calor, mi cuerpo se había acostumbrado a la temperatura de esos lugares.
Salí del baño y fui a seleccionar imágenes de las fotos que saqué, y me puse a descansar.

08:30 Debía comenzar a dibujar, el clima se sentía fresco gracias a las escasas nubes que hacían un buen trabajo, fui a desayunar cuñapés y comencé.

Es preferente estar acompañado con alguien que conoce el lugar a la hora de buscar buenos cuñapés, estos me tocaron bien duros, ricos, pero duros.

Es preferente estar acompañado con alguien que conoce el lugar a la hora de buscar buenos cuñapés, estos me tocaron bien duros, ricos, pero duros.

San Francisco de Javier

San Francisco de Javier

 

Destino no planificado, pero único

Destino no planificado, pero único

 

La calle más transitada que vi en ese pueblo, quedaba a una cuadra de la plazuela.

La calle más transitada que vi en ese pueblo, quedaba a una cuadra de la plazuela.

Unos ancianos se encontraban a metros, observando sentados, viendo con dirección a mí, y yo parado trazando y trazando en mi moleskine. Llegó el mediodía más rápido de lo esperado, pero también tenía un buen avance, no almorcé, no me apetecía nada. Fui a la posada donde me alojé para retirar mi maleta y aprovechar de comprar recuerdos, ya que ese lugar contaba con una tienda de recuerdos.
Conocí a la esposa del dueño que me hospedó: Doña Ester, tierna mujer de unos sesenta y pico que me atendió como si de la nobleza se tratase, Así mismo Don Humberto, el propietario, señor humilde y alegre que me explicaba sobre la cantidad de gente que pasaba por su posada.

La posada en que habité también contaba con una pequeña tienda de artesanías, compré algunos pequeños recuerdos de ese lugar

La posada en que habité también contaba con una pequeña tienda de artesanías, compré algunos pequeños recuerdos de ese lugar

La fachada interior del lugar contaba con varios adornos, entre esos, estos ángeles besucones.

La fachada interior del lugar contaba con varios adornos, entre esos, estos ángeles besucones.

Este ángel chiquitano fue el que más me gustó, por la simetría , por el tamaño y por el fino acabado en madera que tenía.

Este ángel chiquitano fue el que más me gustó, por la simetría , por el tamaño y por el fino acabado en madera que tenía.

No desaproveché, y le di el toque "selfie" a esta publicación

No desaproveché, y le di el toque “selfie” a esta publicación

Me encanta la parte "Y que Dios nos bendiga"

Me encanta la parte “Y que Dios nos bendiga”

Entre charlas, risas, y atenciones demasiado amables, llegué a conocer a sus mascotas: dos pericos, uno de ellos, llamado Coqui, de plumaje colorido, azul turquesa en la cabeza, con manchas oscuras detrás de los ojos, estómago amarillo, verde en la parte de atrás, y toques rojizos por todas partes. Se acercó como si me conociera de toda la vida, Don Humberto lo sostuvo sobre su dedo, y el ave inclinó la cabeza, un ademán para que lo acariciaran, jamás había visto un gesto tan tierno por parte de un loro que para mí era una especie huraña y escurridiza.
Ofrecí mi dedo, y éste accedió fácilmente, en ese instante ofreció su cabeza para sobarlo con mi dedo, me encariñé de ese perico.

Coqui, el loro de Don Humberto y Doña Ester

Coqui, el loro de Don Humberto y Doña Ester

Don Humberto, dueño del perico más manso que he conocido

Don Humberto, dueño del perico más manso que he conocido

Y cómo no aprovechar para sacarme una foto con ave más bella

Y cómo no aprovechar para sacarme una foto con ave más bella

Doña Ester me explicaba las maneras de adentrarme al templo, ya que toda la mañana, esa iglesia mantuvo las puertas cerradas, le agradecí calurosamente y continué mi trabajo.

Debía ingresar por el extremo derecho, dando la vuelta a la iglesia, de esa manera ubicaría la puerta compuesta de rejas metálicas, tuve la bendición de que esta esté abierta, no vi a nadie y me adentré al lugar.
Un pasillo me conectaba a otro, y caminé así como cuatro, todos adornados con ese estilo característico jesuita. Llegué a uno pasillo donde vi gente charlando, tres en total, entre ellos, un señor de tez originalmente blanca, pero rojiza por los efectos del sol en esa zona, constitución gruesa, alto, de cabello claro, acudí a él suponiendo que se trataba del cura de la Iglesia: “Dibuja lo que quieras”, me contestó cuando le expliqué y le mostré el material que tenía. -¿Cómo se llama? Indagué. –Edgar el gordo, contestó con un acento notoriamente extranjero. Y me aventuré al templo que quedaba a metros de ese pasillo.

El interior de esta iglesia también tenía una pulcritud admirable.

El interior de esta iglesia también tenía una pulcritud admirable.

 

El interior de la iglesia contaba con lindos espacios como ese pequeño hornito techado en medio de pasto.

El interior de la iglesia contaba con lindos espacios como ese pequeño hornito techado en medio de pasto.

Esta iglesia era la única que contaba con un pequeño cuarto en la parte trasera, llamada bautisterio, en el que se encontraban dos pequeñas puertas. una al frente de otra.

Esta iglesia era la única que contaba con un pequeño cuarto en la parte trasera, llamada bautisterio, en el que se encontraban dos pequeñas puertas. una al frente de otra.

El interior de la iglesia de San Francisco de Javier

El interior de la iglesia de San Francisco de Javier

El retablo con sus pinturas en alto relieve

El retablo con sus pinturas en alto relieve

Me había ido de maravilla, terminé los dibujos y era relativamente temprano, 17:00, mi flota para Concepción partía a las 18:30 y llegaría a las 19:40, casi 20. A mi consideración fue algo costoso despedirme de doña Ester y don Humberto que me habían tratado tan bien, y que incluso guardaron mis maletas, pero preferí no dar más vueltas, bendecirlos y decir adiós.

Por primera vez pude ver cuñapés  en preparación, no pude evitarlo y me compré un par

Por primera vez pude ver cuñapés en preparación, no pude evitarlo y me compré un par

Me despedía de San Javier, extrañaré esta tierra

Me despedía de San Javier, extrañaré esta tierra

Última vista del lugar, con la flota que me llevaría a Concepción.

Última vista del lugar, con la flota que me llevaría a Concepción.

Ya en la flota, me senté a lado una mujer de pollera, una chola, ella en la ventana, y yo a su izquierda. –Buenas tardes, ¿para dónde va usted, va hasta Concepción? le pregunté –Sí, hasta ahí estoy yendo — me contestó.
Eso me aliviaba, ya que, en caso de dormirme, si ella bajaba, debía despertarme, pedir permiso y salir, de esa manera me despertaría y saldría junto con ella, no habrían más accidentes.

También el sueño pudo más en esta ocasión, pero era un sueño alerta, como que un ojo cerrado y el otro entre abierto, como un ninja. Pasó una hora y sentí que la flota se detuvo, estábamos cerca. Pasaron quince minutos y estábamos en Concepción, mi último destino.

Al bajar, y al desempacar, me di cuenta que este pueblo estaba más iluminado que los anteriores que pude visitar por la noche, me dispuse a preguntar que para dónde quedaba la plaza principal, un joven me señalo que era doblando en “S”, después de caminar recta esa calle por dos cuadras, en definitiva, necesita el GPS de mi celular, era complicado entender las explicaciones cuando no te acostumbras a ellas, mi celular estaba muerto una vez más.

Mi naturaleza impidió recurrir a más personas para consultar, afortunadamente vi un alojamiento al frente mío después de mi extenuante caminata “La Pascana”, me aproximé y pregunté si tenía cuartos, la señora, ya madura, de piel clara, cabello corto, gesto indiferente y palabras bien audibles, me mostró el cuarto al que podía acceder, el precio era demasiado comparado a los demás, pero ya no podía reponer ni buscar, un bicho de rutina me había picado, y accedí sin más que decir.
Tenía todas las dependencias, excepto televisor, tampoco me hacía falta, tenía harto material por seleccionar, así que me puse manos a la obra con música y el zumbido grave que lanzaba el ventilador. Eran las 23:00 cuándo me fijé el celular, una hamburguesa, una limonada y una duchada, fueron las últimas acciones de esa noche previo a mi descanso.

San Miguel de Velasco, gotas de cielo y añoranza



Jueves, 02 de octubre

Con dirección a la terminal para San Miguel de Velasco, eran las 06:15, mi “flota” partía a las 07:00, había tiempo de sobra. Mas los azares de la vida hicieron que me confiara al punto de salir de mi alojamiento a las 06:50, diez minutos y 11 cuadras de distancia no eran muy alentadores, empezaba a resignarme a la segunda cuadra. Tercera, cuarta, quinta cuadra, y me costaba reconocer las calles por las que pasaba, me acostumbré a lugares chicos, no a San Ignacio, me había extraviado nuevamente.

Con enojo y frustración disfrazados de seriedad decidí preguntar a un par de ancianos lugareños que por dónde podía tomar el bus para San Miguel. Uno de ellos empezó a explicarme mientras otro hizo un ademán a un bus ese instante: -¡¡¿Va para San Miguel?!!-preguntó. –¡¡Sí!!. –Contestó el chofer. Me dijeron que subiera, lo abordé con agradecimientos y saludos a todos. Estaba contento porque no perdería mucho tiempo.

El micro que había abordado parecía de otra época, rechinaba en cada centímetro cuadrado, en cualquier momento pensaba que se partiría en dos y me quedaba en medio camino.

El micro que había abordado parecía de otra época, rechinaba en cada centímetro cuadrado, en cualquier momento pensaba que se partiría en dos y me quedaba en medio camino.

El poco sueño que había conciliado me dejaron con máscaras como esta, ojerosa y arrugada.

El poco sueño que había conciliado me dejaron con máscaras como esta, ojerosa y arrugada.

Arribé en un mercado a las 08:20, San Miguel de Velasco, cielo nublado, suelo sin pavimento, gente movilizada de un lado a otro. Este pueblo tenía similitudes con mi anterior destino.

La fotografía accidental que para mí, sintetizaría toda esta aventura: Campo y ciudad representados por la tierra y el poste eléctrico, el bus de mi transporte; recorrido incierto, y el personaje mirando a un horizonte con la certeza que después de todo cielo nublado y tormenta, está el día soleado y esperanzador.

La fotografía accidental que para mí, sintetizaría toda esta travesía: Campo y ciudad representados por la tierra y el poste eléctrico, el bus de mi transporte; recorrido incierto, y el personaje mirando a un horizonte con la certeza que después de todo cielo nublado y tormenta, está el día soleado y esperanzador para una siguiente aventura.

Tenía alrededor de diez horas para dibujar todo lo propuesto en ese lugar, no perdí mi tiempo y me encaminé a la plaza principal, misma que quedaba a siete cuadras, a caminar una vez más.

El cansancio se tornó menor al sentir la brisa de un cielo poblado de nubes.

Me emocioné con el can que encontré con dirección a la plaza principal, no pude evitarlo y aquí lo tienen.

Me emocioné con el can que encontré con dirección a la plaza principal, no pude evitarlo y aquí lo tienen.

Divisé a lo lejos, a través de una plazuela de pasillos destruidos, una construcción con el característico estilo barroco, había llegado a la iglesia de San Miguel, la primera construcción que incluía escalinatas, quedé maravillado al acercarme hasta las columnas de ese fastuoso templo, eran realmente gruesas, no podía entender cómo la gente había levantado semejantes pedazos de madera.

Iglesia de San Miguel de Velasco 04

No podía desaprovechar sacarme una con el templo de fondo, y aún más por el nivel elevado en el que se encontraba.

No tenía tiempo para alojarme, debía irme ese mismo día, me aproximé a una de las esquinas, en la que se encontraba una tienda de recuerdos, recuerdos de la zona, tuve una magnífica idea, un negocio; compraría un recuerdo o dos a cambio de dejar mi maleta mientras dibujaba, las encargadas aceptaron gustosas, y más al ver los dibujos del moleskine: el cuaderno en el que plasmaba los dibujos.

Estaba a unos treinta metros, frente a la iglesia en esa plazuela con aspecto post-apocalíptico. –“Dios mediante si vuelve al año, encontrará la plazuela reconstruida, lo hicieron eso porque estaba mal hecho”, fueron las palabras de una de las encargadas.

No me percaté que el sitio donde dibujaba, estaba lleno de hormigueros, tierra infestada de orificios, con hormigas de variados colores, negras, grises, rojas, éstas últimas me daban más miedo porque sus tamaños eran variados, y me di cuenta de todo esto cuando sentí el piquete de una de ellas en la pierna izquierda, era cabezona, roja y de mounstrosas mandíbulas. Decidí moverme unos dos metros.

El terreno más despejado, sin gente en la plaza, un cielo blanco teñido de nubes, y un clima refrescante. Algo no estaba bien, era demasiado bueno para ser cierto. De repente, vi una imperceptible mancha mojada en mi hoja de dibujo, era una gota de agua que había descendido desde lo más alto. Ahora eran dos manchitas, tres, cuatro, cinco; la lluvia se aproximaba y por ella se marchaba mi utópica situación.

La Iglesia de San Miguel de Velasco, el único templo que tiene escalinatas para su ingreso, definitivamente  le daba un toque mágico y oriental.

La Iglesia de San Miguel de Velasco, el único templo que tiene escalinatas para su ingreso, definitivamente le daba un toque mágico y oriental.

Me fui hasta la tienda de recuerdos, refugio seguro, con techado y un pequeño pasillo que daba a la calle, aproveché para hacer la edificación en perspectiva. La mochila me pesaba, y como si las encargadas hubieran leído mi mente, me ofrecieron asiento. Lluvia, silla, soledad, cielo armiño, aire fresco y húmedo, acompañados de una vista mística de aquel templo. Mariposas de lluvia invisibles se adentraron por mi boca para reposar en mi estómago, me había enamorado de ese momento.

El templo contaba con un campanario de gruesa consistencia, hecha en su amurallada en su totalidad de adobe.

El templo contaba con un campanario de gruesa consistencia, con un amurallado totalmente de adobe.

 

Tuve que arreglármelas por la lluvia torrencial que se suscitó.

Tuve que arreglármelas por la lluvia torrencial que se suscitó.

11:30. Esta vez debía almorzar, aún si el hambre no me visitara, sé que no es bueno estar sin ingerir alimentos por más que no experimente debilidad. La lluvia había pasado y opté por ir hasta la iglesia y pedir que me permitieran dejar mi maleta dentro del templo; había abusado demasiado la hospitalidad de las encargadas de la venta de recuerdos.

Hablé con el cura encargado de la iglesia, el Padre Luis, brasilero de piel negra y carismática sonrisa, su amabilidad y favor me dejaron alegre, podría ir a almorzar sin necesidad de llevar esa pesada maleta.

Almorcé en el primer lugar que vi, a unas dos cuadras de la iglesia, mi cuerpo agradecía cada bocado que entraba, el hambre siempre estuvo allí, sólo era yo tratando de convencerme que no necesitaba comer.

Buen provecho y me fui directo para acabar los dibujos, contaba con menos de 5 horas, mas había avanzado considerablemente, estaba contento, el cielo se había despejado, almorcé bien y me había comprado unos llamativos chocolates para distraer mi boca.
Ingresé al templo para acabar los últimos dibujos, estaba conforme con lo que tenía. Iba culminando con el último dibujo el Santo de la Iglesia: “El Arcángel San Miguel”, cuando apareció un señor, uno de los profesores de la escuela del pueblo, que se había dado cuenta de lo que hacía. No recuerdo su nombre, pero recuerdo que le gustaba mucho lo que dibujaba, al punto que me pidió el favor que replicara lo mismo en una de las hojas del cuaderno que llevaba. No podía decir que no, el placer visual único de esos mágicos lugares, hacían que me sintiera en deuda. Dibujé su santo en su cuaderno de hojas cuadriculadas, se lo di, me agradeció, y me fui a la parada con dirección a San Ignacio.

El retablo de esta iglesia fue  la que más me cautivó, todo era recubierto de "pan de oro" IMPRESIONANTE!!

El retablo de esta iglesia fue la que más me cautivó, todo era recubierto de “pan de oro” IMPRESIONANTE!!

 

San Pablo y San Pedro, pinturas hechas a cada lado de la puerta principal de la Iglesia.

San Pablo y San Pedro, pinturas hechas a cada lado de la puerta principal de la Iglesia.

San Pedro
Llegué a tomar un taxi hasta San Ignacio por 12 bolivianos, económico. El problema es que me encontraba en la parte de atrás, junto con otras dos personas, y yo estaba al medio, pero el cansancio hizo que le restara importancia, el vehículo partió, y mi cabeza se inclinó para atrás innatamente, me estaba durmiendo.

Sentí un hombro levantando mi cabeza, lo sentí una vez más, había descansado apoyado sobre una total desconocida, una señora a la que le pedí inmediatamente disculpas por mi descuido, ella calló sin ni siquiera mirarme. Pasaron dos minutos y llegamos a San Ignacio nuevamente eran las 16:35, estaba listo para ir a Concepción, el taxi nos dejó a dos cuadras de la terminal de mi siguiente destino, no pensé dos veces y fui por mi boleto.
Al llegar a la venta de pasajes. Compré uno que partiría a las 18:00 y llegaríamos a las 23:00, Concepción me esperaba.

Partimos a la hora dicha, el viaje no sería corto, y la batería de mi celular falleció, me costaría calcular trayectos si caía dormido. Pero no me sentía tan cansado, de hecho estuve con la laptop seleccionando fotografías.
Me confié demasiado, sí estaba cansado, sumado a eso, mi asiento era cómodo y el lugar tibio y sin ruidos, mi cuerpo exigía reposo, incluyendo párpados. Me había quedado dormido. Sé que mi alma saludó Concepción, pero mi cuerpo estaba en suspensión.

Continuará. . .

San Ignacio de Velasco, naturaleza y ciudad, bella combinación



Miércoles, 01 de octubre

Mi flota para San Ignacio de Velasco partía a las 07:00, eran las 06:15, había descansado bien, cómodo sin mosquitos, sin ruidos, ni calor; como todo un rey.
Apareció Don Tito para llevar mi maleta hasta la parada, empezó a darme vergüenza por la extrema cordialidad que tenían conmigo, empecé a creer que tenía una visión muy cruel acerca del mundo y del trato entre nosotros.

Hora de despedirse, dije a Don Tito que lo haría famoso para todo aquel que se encamine para Santa Ana, abordé el “micro” y me dirigí a mi siguiente destino.

Arribé en dos horas y media, debimos haber llegado en una hora, tuvimos que tomar otro camino a causa de un camión que llevaba troncos, obstaculizando la carretera.

A tres minutos de la parada de mi transporte, ya se divisaban casas, mercados, puestos de venta de todo tipo, estaba en la ciudad de San Ignacio de Velasco. Era el lugar el más grande, y lo comprobé al caminar como doce cuadras para llegar a la plaza, eso y la media hora buscando alojamiento, me llevaron como dos horas de la mañana, había perdido dos horas.

La atmósfera provocado por el cielo despejado hacían que las fotografías como esta, salgan con un tono celeste feo : /

La atmósfera provocada por el cielo despejado hacían que las fotografías como esta, salgan con un tono celeste feo : /

Mi alojamiento era en la plaza misma, con todas las dependencias, como en Santa Ana, con la excepción de que el precio lo duplicaba, la ciudad era cara.

Llovía, llovía a cántaros, y no me refiero al cielo, la calor era insoportable, ésta es sólo una imagen mía transpirando, lo hacía sin parar, incluyendo noches.

Llovía, llovía a cántaros, y no me refiero al cielo, la calor era insoportable, esta es sólo una imagen mía transpirando, lo hacía sin parar, incluyendo noches.

Decidí ponerme a dibujar, faltaba nada para el medio día y no había hecho casi nada, el ambiente a ciudad, la hora y el calor, me desanimaban a trabajar, decidí ir a la terminal para cotizar y tantear mi siguiente destino: San Miguel de Velasco. Caminata de media hora.

Tenía un itinerario: comenzar por San José de Chiquitos, San Rafael, Santa Ana, San Ignacio, San Miguel, Concepción y finalmente por San Xavier, pero llegado el momento, en esa terminal, me aclararon que debía ir a San Miguel y retornar a San Ignacio para recién partir hasta Concepción, eso era sinónimo de tiempo perdido. Me alivió saber que la duración de viaje para San Miguel, no era más de una hora. Me retiré de la terminal para acabar con los dibujos.

Día pesado, el sofocante clima, la gente que parecía estar más ocupada que en los demás lugares como para explicarme cómo llegar a la plaza; me había extraviado, otro cherry en la torta.

En mi extravío por esas calles, hallé este hermoso mural, era más grande, pero había gente que impedía su total visualización : /

En mi extravío por esas calles, hallé este hermoso mural, era más grande, pero había gente que impedía su total visualización : /

Un buen hombre me redireccionó para llegar a la iglesia, llegué sin más problemas, exceptuando el clima, no podía avanzar con ese sol, mi cuerpo literalmente llovía por el desértico clima al que estaba expuesto, la sed era inconsumable, no importaba lo que bebiera, ni cuán frío estuviera, sufría en San Ignacio.

Tuve que darme el lujo de refugiarme en las contadas sombras que proyectaban las palmeras del lugar, mientras aprovechaba la tecnología de mi celular para comunicarme por chat con mis conocidos, compañeros de promoción, familia, amigos, etc, entre ellos, mi amiga Gabriela, testigo digito-visual de casi todos (sino todos) mis destinos, muchacha risueña de carácter pasivo y corazón empático, proveniente de Villazón, a quien conocí en el área laboral meses atrás. Lástima que Villazón se encontrara al otro lado de mi residencia, extrañaba la lluvia y el frío que hacía allá como ella me contaba.

El templo de San Ignacio de Velasco era el más grande hasta ese momento, después descubrí que por las muchas reconstrucciones que tuvo, no llegó a ser nombrada parte del Patrimonio de entre las demás iglesias de la Chiquitanía.

El templo de San Ignacio de Velasco era el más grande hasta ese momento, después descubrí que por las muchas reconstrucciones que tuvo, no llegó a ser nombrada parte del Patrimonio de entre las demás iglesias de la Chiquitanía.

 

El interior, así como el exterior derrochaban exhuberancia, todo estaba bien cuidado y meticulosamente adornado con ese estilo característico barroco, una belleza.

El interior, así como el exterior derrochaban exuberancia, todo estaba bien cuidado y meticulosamente adornado con ese estilo característico barroco, una belleza.

 

San Ignacio de Velasco, ya es una ciudad, podía encontrar lo que me dispusiera, sin embargo la calor era un factor que impedía mi circulación : /

San Ignacio de Velasco, ya es una ciudad, podía encontrar lo que me dispusiera, sin embargo la calor era un factor que impedía mi circulación : /

Decidí acelerar mi trabajo, empezaba a anochecer y me faltaban dos morosos dibujos. Tenía hambre, por la prisa, había olvidado almorzar nuevamente. Sentí que la calor no había disminuido en ningún momento, seguía transpirando, y sin ganas de continuar, fui a tomar un helado y comer hamburguesa.

Eran las 20:30 cuándo decidí retirarme con un dibujo pendiente, y con llamadas para enviar un trabajo de diseño por la laptop hasta mi trabajo en Sucre, entre menos ganas de trabajar tenía, más cosas por hacer se acumulaban.

Una captura mía, trabajando en la habitación del alojamiento, con los pies marcados por las chinelas debido a la quemazón que me produjo el sol (acabo de darme cuenta)

Una captura mía, trabajando en la habitación del alojamiento, con los pies marcados por las chinelas debido a la quemazón que me produjo el sol (acabo de darme cuenta), y algunas célebres picaduras de mosquito.

 

00:45, Acabé todo lo que tenía pendiente, exceptuando el dibujo, me autocomprometí en acabarlo después, cuando el sueño no haga que mis párpados pesen toneladas, descansé sin novedad.

Santa Ana de Velasco, lugar chico de corazones grandes.



Martes, 30 de septiembre

Aún no logro explicar cómo es que logré levantarme a las 06:30 sin dificultades, ni sueño, ni comezón por las picaduras, menos cansancio. Creo que mi cuerpo y mente congeniaron para huir de ese lugar lo más antes posible.

Siguiente destino, Santa Ana, bus que lo tomé de la misma plaza, partiendo a las 07:03.
Fue en el trayecto que entendí como mi cuerpo compensaría el sueño que le faltaba conciliar.
Llegué a la plazuela principal de Santa Ana una hora después, no había completado el sueño todavía y lo primero que quería, era un buen alojamiento, fue así que pregunté a la primera persona que vi, y que coincidentemente tenía alojamiento, Don Tito Rocha, pero éste se hallaba a tres cuadras de donde nos encontrábamos.
No fui exigente una vez más, pero tenía una esperanzadora corazonada, y acepté. Don Tito se ofreció a llevar mi equipaje en la motocicleta que le acompañaba mientras yo le alcanzaba caminando.

La distancia de el alojamiento a la iglesia era marcado por uno de estos caminos de tierra

La distancia de el alojamiento a la iglesia era marcado por uno de estos caminos de tierra

 

 

05 Iglesia de Santa Ana de Velasco (interior)

El interior de la iglesia de Santa Ana de Velasco, es el que menos modificaciones ha sufrido, incluso, la misma edificación no fue culminada por los Misioneros Jesuitas, sino, por los aborígenes del lugar

03 Iglesia de Santa Ana de Velasco

Aproveché y pedí por favor a uno de los niños del lugar que me sacara una foto

Desde mi llegada a Santa Ana, sentí un ambiente diferente, una sensación que no experimenté en ningún otro lugar hasta ese momento; no sólo por la poca cantidad de gente y la pequeña extensión que ocupaba ese pueblo. Era mi alma la que se sentía reconfortada por estar ahí, y ya entendí el por qué después.

Llegando al alojamiento, ubico a Don Tito (el lugar no era tan alejado como creía), él me mostró el cuarto: tenía dos camas, colchones seminuevos, ventilador, televisor con antena, electricidad (obviamente),puerta divisible, ventana con malla antimosquitos sin contar el baño con su ducha, todo esto en una construcción casi nueva: un sueño por cuarenta bolivianos la noche. No lo dudé, me alojé y me fui a dibujar.

Aproveché esa fresca mañana en la plaza para dibujar uno de los patrimonios jesuitas que menos modificaciones ha recibido, y que incluso, no fue culminado por jesuitas, sino por los del pueblo. Ese lugar no contaba con una plazuela bien definida, no se podían encontrar los límites con respecto a aceras, eso la volvía mágica; una fusión de banquetas, toborochis, pasillos con pasto conectados a un templo de otra época.

Acabados ya los dibujos del exterior, decidí adentrarme para dibujar el templo por adentro, pero claro, debía pedir permiso, fue así que conocí a Doña Trinidad, encargada principal de turismo a nivel misiones.
Una mujer de edad no tan avanzada, tez morena, constitución delgada, cabello recogido, voz y mirada pasivas. Me autorizó sin inconveniente alguno entrar para continuar con mi trabajo. Allí dentro conocí a Doña Flora, cándida mujer cuidadora de la iglesia, con ella charlé mientras dibujaba.

06 Vista desde el coro (Iglesia de Santa Ana de Velasco)

El coro de la mayoría de estas iglesias eran ocupados por los músicos, esto, en el tiempo de su utilización

Se hizo el medio día, y yo debía retirarme para volver a las 14:00. Hacía calor en extremo, yo opté por ir hasta mi cuarto a refugiarme, allí edité y seleccioné las fotos y videos que estaba recabando. Olvidé almorzar, me quedé dormido.

Me levanté a las 14:25 creyendo que me encontraba en otro lugar, al caer en la cuenta, volví rápidamente para la iglesia, estuve siendo guiado por Doña Trinidad y esa tranquila pero audible voz casi toda la tarde. Llegué a entrevistarla con grabación incluida, llegué a conocer el único órgano que perduró a través de los años, ubicado en el coro de la iglesia, reliquias sin igual.
Algo que llamó mi atención, fue el ver pequeñas siluetas voladoras entrando y saliendo casi por todo lado del templo, asumí que eran pájaros, Doña Trinidad me aclaró que esas bellas sombras se trataban de murciélagos. De todas las criaturas que pueblan este planeta, son los murciélagos y las arañas de quienes siempre dudé sobre su diseño con respecto a su apariencia, son escalofriantes, preferí seguir creyendo que eran aves.

Por un momento, salí de la iglesia, vi un niño, Luis me dijo, se llamaba Luis. Llevaba un violín en la mano, me presenté, le pedí ayuda con la cámara con una previa y fugaz clase, aproveché y le saqué fotos con su instrumento. Posé frente a la puerta principal de la Iglesia, el violinista se encontraba a 30 metros tomando las fotos. En uno de esos momentos, sentí “aves” cerca de mi espalda, no medí, corrí y llegué a descubrir habilidades voladoras ocultas en mí.

El niño Luis, el violinista con talento múltiples, entre ellos, la fotografía

El niño Luis, el violinista con talentos múltiples, entre ellos, la fotografía

Yo, ehuyendo de las ratas voladoras del lugar

Yo, huyendo de las ratas voladoras del lugar

Sin duda, Luis tiene talento sacando fotos con gente huyendo. Se volvió mi amigo.

La tarde se acababa, y con ella, mis dibujos. El silencio del pueblo me recordaba las caminatas nocturnas del trabajo hasta mi casa. La calidez con la que me recibieron trajo a mi memoria el trato en mi hogar. Y los pequeños haces de luz ocasionados por el ocaso que penetraba en la iglesia, resucitaron los tiempos en los que vivía con mis abuelitos en la infancia.

Despedí a Doña Trinidad como si la hubiera conocido hace años, con un beso en la mejilla, no lo esperaba, ni ella ni yo, pero no pude evitarlo, el pedido de su correo, nombre completo y datos (para enviarle un dibujo) no bastaron para agradecer el bello trato que recibí. Doña Trinidad Méndez de Santa Ana de Velasco, que tenga una hermosa semana.
Casi al llegar a mi habitación, noté que Don Tito también llegaba con un bote en la mano, era repelente de insectos, el servicio se volvió excepcional en Santa Ana. Tuve que abandonar el lugar por media hora, decidí dar un paseo más.

La noche estaba estrellada y tiritaban azules los astros a lo lejos, para mí, ese verso, no era nada triste, y menos en ese lugar, en ese momento. Oraba y agradecía a Dios por permitirme conocer esos lugares que me daban una paz que pocas veces había experimentado en lugares desconocidos, y que ahora se volvía en otro hogar más.

Estaba listo para despedirme de Santa Ana, di las buenas noches con aroma de “hasta pronto” a todo lo que me rodeaba. Sentía que un rincón de mi alma, en un recóndito espacio allí adentro, un pedacito de mi ser se había enamorado de ese pueblo, pueblo chiquito, pueblo de Santa Ana.

Una de las palmeras de la zona, ese pueblo lindo que me dejó con ganas de visitarlo nuevamente

Una de las palmeras de la zona, ese pueblo lindo que me dejó con ganas de visitarlo nuevamente

La flota que me llevaría al siguiente destino, San Ignacio de Velasco

La flota que me llevaría al siguiente destino, San Ignacio de Velasco

Pueblo añorado el de Santa Ana de Velasco, un pedacito de mi alma se queda allá.

Pueblo añorado el de Santa Ana de Velasco, un pedacito de mi alma se queda allá.

San Rafael de Velasco, pueblo pulcro y amistoso



Lunes, 29 de septiembre

Escucho levemente el sonido del despertador en mi celular, 06:30, vuelvo a dormir.
De repente , alguien abre la puerta y la cierra súbitamente, haciendo que me levantara. Eran las 06:50, mi flota partía a las 07:00.
Aceleré cuanto pude (gracias a Dios la miniterminal quedaba a tres cuadras). 07:03. Llego y parto en un oxidado micro con dirección a San Rafael de Velasco.

Arribé en las cuatro horas que me dijeron, eran las 11:15. Me encontraba en la plaza principal del pueblo, y al frente, se podía ver el patrimonio, una bella edificación característica de las misiones, de las que había visto en la tele. Con un campanario hecho de madera en su totalidad, con cuatro columnas y escalones en caracol al medio con el estilo barroco bien definido.

Sólo contaba con esa tarde para dibujar las diez hojas que me había propuesto, al día siguiente partiría para Santa Ana de Velasco. Era hora de buscar alojamiento.


Bastó una persona de la misma plaza para decirme que el alojamiento se encontraba al otro extremo de la iglesia. Alojamiento “La Paradita”.

Fue un hombre mayor de edad quién me señaló que mi cuarto era el número “dos”. . .”el que no tenía llave”, le puse un gesto de justificada disconformidad, a lo que inmediatamente me dijo que nadie más habitaba en este alojamiento aparte de su padre. Tuve que aceptar ya que la calor y la sed me asfixiaban (sin contar las necesidades naturales).

Apenas duchado y saciado, me encaminé a la iglesia, primeramente para hablar con el o la encargada del lugar para que me autorizaran dibujar su interior fuera de los horarios de oficina. Tuve que ingresar por un lado (el que da al campanario), por un despejado y lindo pasillo. Fue tanta la distracción del lugar que no logré fijarme en la madera empotrada a la altura del pie que daba a la entrada de la oficina principal. Pulgar e índice machucados como recibimiento de San Rafael.

Apareció una señorita; la encargada, quien fue clara al decirme que vuelva en la tarde para dibujar el interior, pero lo dijo con una amabilidad, que llegué a sentirme como un intruso hostigador.

No hubo de otra más que dibujar a la intemperie, con un sol sofocante, en una plaza infestada de hormigas, mosquitos, e insectos que no había visto antes.

No almorcé, el hambre no era un factor indispensable en esos momentos, la sed, sí, confieso que debo haber gastado tres veces más en líquidos de lo que me habría costado un buen almuerzo.
Continué dibujando. Llegó la tarde, y con eso, era hora de dibujar el interior. El tiempo pasó volando, y la noche se asentó; no había terminado todos los dibujos.

 

Y esa misma noche, se celebró misa, yo me quedé en las afueras para dar los últimos toques a mis dibujos, acompañado de cuñapés, mate y una luna radiante.

21:33 me había cansado más de lo normal. Estaba listo para ir a descansar en la habitación sin llave. Al llegar a la habitación, no me había percatado que éste no contaba con ventilador, las camas eran duras, sentía la oscura presencia de mosquitos por todas partes y en las paredes se denotaban orificios que no inspiraban confianza.
Para colocar la fresa en el pastel (el cherry de la torta), uno de los orificios (uno grande) conectaba directamente a la habitación de al lado, en la que se habían hospedado una familia; padre, madre, hijos, e “hijito”, éste último tendría alguna enfermedad que no evitaba que llorase, y llorase, y llorase. Y ese orificio no evitaba que escuchara, escuchara, y escuchara.

Los mosquitos también formaban parte de la conspiración “Brian never sleep”, se encargaron de hacer que mi noche fuera eterna; calor, llanto, mosquitos: “conspiración exitosa”.

Marcelo Copa



Biografía: Marcelo nació en Bolivia. Estudió Publicidad y Diseño en la “Universidad Mayor de San Andrés”. Recibió una medalla del Presidente de Italia por su obra “Hogar, dulce hogar”.

Enfoque: Contexto.

Temática: Muerte y vida.

Destino: Madidi.

Explicación temática: Marcelo desarrollará una propuesta de mural en pequeño formato o en gran formato dependiendo del contexto, siempre basando e inicializando la propuesta en la libreta moleskine para luego desarrollarla en el soporte conveniente, también desarrollará un pequeño taller para enriquecer el diálogo y realizar propuestas a corto y largo plazo.

 

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Georgina Montoya



Biografía: Nació en Colombia. Maestra de Artes Plásticas de la “Universidad de Caldas”. Ganadora de diferentes becas otorgadas por el Ministerio de Cultura de Colombia, lo que le permitió desarrollar parte de su trabajo como artista visual e investigadora.

Enfoque: Contexto.

Temática: Construyendo Espacio Vital.

Destino: Villa Coronilla.

Explicación temática: Georgina realizará las interpretaciones de la casa y la ciudad con la comunidad de Villa Coronilla. Donde las relaciones contextuales se dan desde el ámbito social y el espacio que se habita (la casa), donde atraviesan conexiones entre arte, arquitectura y urbanismo, donde se crean textos que posibilitan descripciones que dan cuenta de cómo el construir, situar, intervenir y transformar, son acontecimientos que día a día erigen las ciudades y su cotidianidad.

Web: http://unloadmaniacartproject.tumblr.com/
 http://unloadmaniacproducciones.tumblr.com/

 

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