San Miguel de Velasco, gotas de cielo y añoranza



Jueves, 02 de octubre

Con dirección a la terminal para San Miguel de Velasco, eran las 06:15, mi “flota” partía a las 07:00, había tiempo de sobra. Mas los azares de la vida hicieron que me confiara al punto de salir de mi alojamiento a las 06:50, diez minutos y 11 cuadras de distancia no eran muy alentadores, empezaba a resignarme a la segunda cuadra. Tercera, cuarta, quinta cuadra, y me costaba reconocer las calles por las que pasaba, me acostumbré a lugares chicos, no a San Ignacio, me había extraviado nuevamente.

Con enojo y frustración disfrazados de seriedad decidí preguntar a un par de ancianos lugareños que por dónde podía tomar el bus para San Miguel. Uno de ellos empezó a explicarme mientras otro hizo un ademán a un bus ese instante: -¡¡¿Va para San Miguel?!!-preguntó. –¡¡Sí!!. –Contestó el chofer. Me dijeron que subiera, lo abordé con agradecimientos y saludos a todos. Estaba contento porque no perdería mucho tiempo.

El micro que había abordado parecía de otra época, rechinaba en cada centímetro cuadrado, en cualquier momento pensaba que se partiría en dos y me quedaba en medio camino.

El micro que había abordado parecía de otra época, rechinaba en cada centímetro cuadrado, en cualquier momento pensaba que se partiría en dos y me quedaba en medio camino.

El poco sueño que había conciliado me dejaron con máscaras como esta, ojerosa y arrugada.

El poco sueño que había conciliado me dejaron con máscaras como esta, ojerosa y arrugada.

Arribé en un mercado a las 08:20, San Miguel de Velasco, cielo nublado, suelo sin pavimento, gente movilizada de un lado a otro. Este pueblo tenía similitudes con mi anterior destino.

La fotografía accidental que para mí, sintetizaría toda esta aventura: Campo y ciudad representados por la tierra y el poste eléctrico, el bus de mi transporte; recorrido incierto, y el personaje mirando a un horizonte con la certeza que después de todo cielo nublado y tormenta, está el día soleado y esperanzador.

La fotografía accidental que para mí, sintetizaría toda esta travesía: Campo y ciudad representados por la tierra y el poste eléctrico, el bus de mi transporte; recorrido incierto, y el personaje mirando a un horizonte con la certeza que después de todo cielo nublado y tormenta, está el día soleado y esperanzador para una siguiente aventura.

Tenía alrededor de diez horas para dibujar todo lo propuesto en ese lugar, no perdí mi tiempo y me encaminé a la plaza principal, misma que quedaba a siete cuadras, a caminar una vez más.

El cansancio se tornó menor al sentir la brisa de un cielo poblado de nubes.

Me emocioné con el can que encontré con dirección a la plaza principal, no pude evitarlo y aquí lo tienen.

Me emocioné con el can que encontré con dirección a la plaza principal, no pude evitarlo y aquí lo tienen.

Divisé a lo lejos, a través de una plazuela de pasillos destruidos, una construcción con el característico estilo barroco, había llegado a la iglesia de San Miguel, la primera construcción que incluía escalinatas, quedé maravillado al acercarme hasta las columnas de ese fastuoso templo, eran realmente gruesas, no podía entender cómo la gente había levantado semejantes pedazos de madera.

Iglesia de San Miguel de Velasco 04

No podía desaprovechar sacarme una con el templo de fondo, y aún más por el nivel elevado en el que se encontraba.

No tenía tiempo para alojarme, debía irme ese mismo día, me aproximé a una de las esquinas, en la que se encontraba una tienda de recuerdos, recuerdos de la zona, tuve una magnífica idea, un negocio; compraría un recuerdo o dos a cambio de dejar mi maleta mientras dibujaba, las encargadas aceptaron gustosas, y más al ver los dibujos del moleskine: el cuaderno en el que plasmaba los dibujos.

Estaba a unos treinta metros, frente a la iglesia en esa plazuela con aspecto post-apocalíptico. –“Dios mediante si vuelve al año, encontrará la plazuela reconstruida, lo hicieron eso porque estaba mal hecho”, fueron las palabras de una de las encargadas.

No me percaté que el sitio donde dibujaba, estaba lleno de hormigueros, tierra infestada de orificios, con hormigas de variados colores, negras, grises, rojas, éstas últimas me daban más miedo porque sus tamaños eran variados, y me di cuenta de todo esto cuando sentí el piquete de una de ellas en la pierna izquierda, era cabezona, roja y de mounstrosas mandíbulas. Decidí moverme unos dos metros.

El terreno más despejado, sin gente en la plaza, un cielo blanco teñido de nubes, y un clima refrescante. Algo no estaba bien, era demasiado bueno para ser cierto. De repente, vi una imperceptible mancha mojada en mi hoja de dibujo, era una gota de agua que había descendido desde lo más alto. Ahora eran dos manchitas, tres, cuatro, cinco; la lluvia se aproximaba y por ella se marchaba mi utópica situación.

La Iglesia de San Miguel de Velasco, el único templo que tiene escalinatas para su ingreso, definitivamente  le daba un toque mágico y oriental.

La Iglesia de San Miguel de Velasco, el único templo que tiene escalinatas para su ingreso, definitivamente le daba un toque mágico y oriental.

Me fui hasta la tienda de recuerdos, refugio seguro, con techado y un pequeño pasillo que daba a la calle, aproveché para hacer la edificación en perspectiva. La mochila me pesaba, y como si las encargadas hubieran leído mi mente, me ofrecieron asiento. Lluvia, silla, soledad, cielo armiño, aire fresco y húmedo, acompañados de una vista mística de aquel templo. Mariposas de lluvia invisibles se adentraron por mi boca para reposar en mi estómago, me había enamorado de ese momento.

El templo contaba con un campanario de gruesa consistencia, hecha en su amurallada en su totalidad de adobe.

El templo contaba con un campanario de gruesa consistencia, con un amurallado totalmente de adobe.

 

Tuve que arreglármelas por la lluvia torrencial que se suscitó.

Tuve que arreglármelas por la lluvia torrencial que se suscitó.

11:30. Esta vez debía almorzar, aún si el hambre no me visitara, sé que no es bueno estar sin ingerir alimentos por más que no experimente debilidad. La lluvia había pasado y opté por ir hasta la iglesia y pedir que me permitieran dejar mi maleta dentro del templo; había abusado demasiado la hospitalidad de las encargadas de la venta de recuerdos.

Hablé con el cura encargado de la iglesia, el Padre Luis, brasilero de piel negra y carismática sonrisa, su amabilidad y favor me dejaron alegre, podría ir a almorzar sin necesidad de llevar esa pesada maleta.

Almorcé en el primer lugar que vi, a unas dos cuadras de la iglesia, mi cuerpo agradecía cada bocado que entraba, el hambre siempre estuvo allí, sólo era yo tratando de convencerme que no necesitaba comer.

Buen provecho y me fui directo para acabar los dibujos, contaba con menos de 5 horas, mas había avanzado considerablemente, estaba contento, el cielo se había despejado, almorcé bien y me había comprado unos llamativos chocolates para distraer mi boca.
Ingresé al templo para acabar los últimos dibujos, estaba conforme con lo que tenía. Iba culminando con el último dibujo el Santo de la Iglesia: “El Arcángel San Miguel”, cuando apareció un señor, uno de los profesores de la escuela del pueblo, que se había dado cuenta de lo que hacía. No recuerdo su nombre, pero recuerdo que le gustaba mucho lo que dibujaba, al punto que me pidió el favor que replicara lo mismo en una de las hojas del cuaderno que llevaba. No podía decir que no, el placer visual único de esos mágicos lugares, hacían que me sintiera en deuda. Dibujé su santo en su cuaderno de hojas cuadriculadas, se lo di, me agradeció, y me fui a la parada con dirección a San Ignacio.

El retablo de esta iglesia fue  la que más me cautivó, todo era recubierto de "pan de oro" IMPRESIONANTE!!

El retablo de esta iglesia fue la que más me cautivó, todo era recubierto de “pan de oro” IMPRESIONANTE!!

 

San Pablo y San Pedro, pinturas hechas a cada lado de la puerta principal de la Iglesia.

San Pablo y San Pedro, pinturas hechas a cada lado de la puerta principal de la Iglesia.

San Pedro
Llegué a tomar un taxi hasta San Ignacio por 12 bolivianos, económico. El problema es que me encontraba en la parte de atrás, junto con otras dos personas, y yo estaba al medio, pero el cansancio hizo que le restara importancia, el vehículo partió, y mi cabeza se inclinó para atrás innatamente, me estaba durmiendo.

Sentí un hombro levantando mi cabeza, lo sentí una vez más, había descansado apoyado sobre una total desconocida, una señora a la que le pedí inmediatamente disculpas por mi descuido, ella calló sin ni siquiera mirarme. Pasaron dos minutos y llegamos a San Ignacio nuevamente eran las 16:35, estaba listo para ir a Concepción, el taxi nos dejó a dos cuadras de la terminal de mi siguiente destino, no pensé dos veces y fui por mi boleto.
Al llegar a la venta de pasajes. Compré uno que partiría a las 18:00 y llegaríamos a las 23:00, Concepción me esperaba.

Partimos a la hora dicha, el viaje no sería corto, y la batería de mi celular falleció, me costaría calcular trayectos si caía dormido. Pero no me sentía tan cansado, de hecho estuve con la laptop seleccionando fotografías.
Me confié demasiado, sí estaba cansado, sumado a eso, mi asiento era cómodo y el lugar tibio y sin ruidos, mi cuerpo exigía reposo, incluyendo párpados. Me había quedado dormido. Sé que mi alma saludó Concepción, pero mi cuerpo estaba en suspensión.

Continuará. . .

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